viernes, 21 de marzo de 2014

Capítulo 15: Skyscraper (Rascacielos)

Mientras caminaba a lado de Rafael hacia su nueva oficina temporal, la mente de Beatriz daba vueltas tratando de descubrir quién era su admirador secreto.  Cuando llegaron al departamento de archivo, Rafael se volvió hacia ella  con el pomo de la puerta en la mano y le dijo:



  • Recuerda que es provisional, apenas lleguen tus muebles te sacaré de aquí –  con tono de disculpa, mientras abría la puerta.
  • No se preocupe Don Rafael lo entiendo – le regaló su mejor sonrisa mientras entraba al pequeño cuarto que hacía las veces de archivador.



Realmente le encantó lo que vio, un pequeño escritorio con un cómodo sillón y un computador estaban colocados estratégicamente al fondo de la habitación entre los archivadores y  frente a la  puerta.  El olor de papel viejo le recordó a su época de estudiante, cuando pasaba horas enteras metida en la biblioteca de la universidad.





No me molestaría quedarme aquí de forma permanente, aunque no sería muy agradable recibir a mis futuros clientes en esta habitación.




  • Muchas gracias Don Rafael, es más de lo que me imaginé – se dejó llevar por la emoción y le dio un tierno abrazo a su jefe, quien dio un brinco de sorpresa ante el gesto pero enseguida le correspondió el gesto. 


  • Te dejo para que te familiarices con el lugar  - le dijo con una media sonrisa  y se dirigió a su oficina.




Beatriz estaba apenas haciéndose a la idea de este gran paso en su carrera, cuando escuchó que tocaban a la puerta y tras su respuesta vio entrar a Sharon con otro arreglo de flores.



  • Parece que tienes muchos admiradores Beatriz, éstas acaban de llegar y sí tienen tarjeta – hablaba ella tras el arreglo floral mientras buscaba un lugar en donde colocarlas.


  • Ponlas sobre aquella mesita – le dijo Beatriz y se ponía de pie llena de asombro al ver el hermoso arreglo que opacaba al que había recibido hace un momento, además este venía con una botella de Moët y una pequeña caja de regalo. El gusanito de la curiosidad le invadió la mente y se apresuró a tomar la tarjeta abriéndola enseguida.







Felicitaciones por tu ascenso, ahora ya es oficial.
Espero aceptes almorzar conmigo para celebrar, no abras la caja hasta que me tengas frente a ti y podamos brindar con la champaña.


Mario




Beatriz no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en sus labios, mientras Sharon la veía expectante por saber de quién era la tarjeta.



  • ¿Y? – la interrogó Sharon


  • Es de un….. amigo – se apresuró a contestar Beatriz, no podía decirle que Mario también era su cliente, su único cliente, ella no lo entendería – me está felicitando por  mi promoción.


  • ¡Qué rápido corren las noticias aquí! – exclamó Sharon mientras movía la cabeza de izquierda a derecha y salía del lugar.



Automáticamente sonó su celular y Beatriz se apresuró a buscarlo en su cartera, vio la pantalla y era Mario.


  • Muchas gracias por las flores – Se apresuró a decir como saludo mientras sonreía de oreja a oreja.


  • Me alegro que te hayan gustado – Mario sentía que su corazón latía a mil por hora pero a pesar de eso sabía disimularlo muy bien por el teléfono – y bien, ¿aceptas mi invitación? – instintivamente contuvo el aire en sus pulmones mientras esperaba la respuesta


  • Por supuesto que la acepto,  ¿dónde nos vemos? – se apresuró a preguntar.


  • No faltaba más, te paso viendo cuarto para la una, ¿qué clase de caballero crees que soy? – fingiendo un tono de estar ofendido, que Beatriz lo supo descifrar muy bien.


  • De acuerdo, a la una menos cuarto estaré lista – respondió Bi mientras movía la cabeza de un lado para el otro.


  • Estaré contando las horas.  Hasta esta tarde.


  • Hasta esta tarde – repitió Beatriz como despedida.



La formalidad entre ellos se perdía rápidamente y daba paso a la afabilidad e informalidad propia de una gran amistad.



Sin perder tiempo, llamó a Jullissa para contarle la gran noticia.  Su amiga se alegró mucho por ella y la felicitó de todo corazón y se asombró cuando Bi le preguntó si ella le había enviado las flores el día anterior, contestando que no tenía idea de ningún arreglo floral.  Conversaron unos minutos y Beatriz prometió llamarla por la noche para ponerse al día.


La mañana se fue volando y cuando Beatriz se dio cuenta ya eran las doce y media, tenía quince minutos para arreglarse y bajar  al vestíbulo para encontrarse con Mario.


Cuando entró al baño a retocarse el maquillaje se encontró con Sharon hecha una furia a punto de lanzar su celular contra el piso.



  • ¡CONTESTA EL PUTO TELÉFONO! – Gritó Sharon a punto de un colapso.


  • ¿Qué  te ocurre? – se apresuró a preguntar Beatriz.


  • ¡Los hombres son una mierda! – fue la contestación de Sharon, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas – No pueden ver más allá de una cara bonita y un buen cuerpo y piensan que solo somos objetos que pueden usar y desechar a su antojo – empezó a decir mientras  la represa de sus ojos colapsaba y bañaba su rostro.


  • No vale la pena llorar por un hombre y menos si él no te valora – Beatriz se escuchaba decir estas palabras y era como si estuviera auto aconsejándose.


  • Pero. Es. Que. Realmente. Me. Encanta. – protestó Sharon hipando.


  • Entonces haz que te dé tu lugar  - dijo Beatriz perdiendo la paciencia y mirando su reloj, tenía 5 minutos y detestaba hacer esperar a las personas tanto como ella odiaba esperar.  Así que le dio una caricia en la espalda a Sharon y se apresuró a salir del baño.




Regresó a su oficina, tomó la botella, la metió dentro de su mega bolso junto con el regalo, y se dirigió con paso presuroso al ascensor, ahí se daría un retoque. 


 Cuando llegó a la recepción del edificio Mario estaba entrando por la puerta de cristal, realmente era un hombre muy atractivo, vestía un traje Prada, a la medida, color gris ratón con camisa celeste, casi blanco, y corbata azul marino, que hacía que sus ojos resaltaran aún más.  Mientras se acercaba a él pudo darse cuenta como la mirada de todas las mujeres que se encontraban en el lugar no podían apartarse del hombre y eso despertó en ella un sentimiento de orgullo al saber que sería la envidia de todas ellas cuando la saludara.


Mario sintió que su corazón se saltó un latido al verla salir del ascensor con aquel caminado tan especial característico de Beatriz y se apresuró a llegar a su encuentro en la mitad del recibidor.


  • Felicitaciones, Asesora de Selección – le dijo mientras aprovechaba la oportunidad para darle un beso en la mejilla y rodearla con un brazo alrededor de la cintura en una especie de abrazo, mientras se llenaba los pulmones de esa fragancia que lo volvía loco.


  • Muchas gracias, Mario – se apresuró a contestar Beatriz mientras le devolvía el abrazo de manera tímida y reservada.


  • Vamos – se apresuró a decir Mario mientras le señalaba el camino con una mano mientras que la otra la mantenía en la espalda baja de  ella – te voy a llevar a un lugar que te va a encantar.


  • No esperaría más de ti  - fue la respuesta de Beatriz seguida de una franca sonrisa que llenaba toda su cara, mientra se dirigían al carro donde les esperaba Pedro ya con la puerta abierta.

   No entendía por qué pero el simple hecho de estar cerca de Mario la llenaba de una sensación de paz y seguridad tan necesaria en su vida en esos momentos.





Cuando llegaron al restaurante, Beatriz tuvo que, literalmente, cerrarse la boca con la mano.  El lugar era espectacular, apenas cruzaron la puerta principal la ciudad parecía detenerse ante la luz tenue que la transportó a algún rincón de Medio Oriente.  Mario fue consciente del impacto que el lugar había tenido en su acompañante y se dio una palmadita en la espalda de felicitación al lograr tan bien su objetivo.


  • Mario, bienvenido – lo saludó un hombre muy sonriente.


  • Roberto, ¿cómo estás? – Mario le contestó el saludo con unos golpecitos en la espalda.


  • No tan bien como tú, por lo que veo – se apresuró a responderle mientras miraba a Beatriz.


  • Te presento a la Psicóloga Industrial Beatriz Vinueza, Beatriz te presento a Roberto Hayek, propietario de este paraíso libanés – dijo Mario mientras levantaba las manos y señalaba el lugar.


  • Mucho gusto  - contestó Beatriz con un movimiento de cabeza.


  • El gusto es mío – contestó el libanés mientras asentía con la cabeza. - Los acompaño a su mesa, por aquí por favor.



Beatriz se acostumbraba cada vez más al calor de la mano de Mario al final de su espalda y a las sensaciones que este simple gesto despertaban en ella.  Tomaron asiento y su anfitrión se apresuró a  recomendarles las exquisiteces de su país. Beatriz permitió que fuera Mario quien eligiera el menú, ya que él  conocía más del tema que ella.


Como entrada Mario pidió unos deliciosos falafels y quipes acompañados de mutabbal, seguidos de sayadieh árabe.


  • ¿Qué te parece si brindamos por tu nuevo cargo? – dijo Mario mientras levantaba la botella de Moët – ¿No te importa si la cambiamos por otra igual que se encuentre a la temperatura adecuada? – le preguntó mientras llamaba al mesero.


  • Claro que no – le dedicaba una sonrisa que le demostraba que estaba disfrutando del momento.



En seguida les trajeron una botella lista para ser degustada, una vez que tuvieron las copas llenas de la bebida espumante brindaron mientras empezaba a llegar la comida.  El almuerzo  y la grata compañía, habían hecho que Beatriz se olvidara por completo de todo; cuando estaba con Mario ni siquiera sentía el paso del tiempo.



Mientras saboreaban el postre, un delicioso helado de azahares, Mario tomó la cajita que Beatriz había dejado encima de la mesa.



  • Creo que es buen momento para que conozcas tu regalo – le dijo mientras se la extendía para que ella la abriera. Sus ojos brillaban expectantes, pereciendo un par de zafiros.


  • Al fin, ya quiero saber lo que es – le contestó mientras tiraba de la cinta dorada que lo envolvía y retiraba el papel como una niña pequeña la mañana de navidad.



Beatriz se quedó sin respiración al instante en que sintió entre sus manos el terciopelo de la caja, levantó sus ojos, abiertos como platos hacia Mario quien tenía una fina sonrisa dibujada en sus labios, sin perder detalle de la reacción de ella cuando descubriera lo que había en su interior. 


Las manos de Beatriz empezaron a tener un leve temblor y su corazón se aceleró al tiempo que habría la caja y se encontraba con un juego completo de la última colección de Gucci, aretes, collar y anillo.



  • Mario, esto es demasiado – fue todo lo que pudo salir de sus labios mientras acariciaba con sumo cuidado las piezas de oro con temor de dañarlas.


  • Esperaba un gracias… - exclamó Mario, contrariado con el comentario de Beatriz.


  • No me malinterpretes, es hermoso, me encanta pero…


  • Beatriz, ya somos adultos. -  Mario la interrumpió – Sabes que te estimo de una forma muy especial, por favor acepta este presente como una muestra de mi amistad y la admiración que siento por ti, por ningún motivo quiero que te sientas presionada a hacer algo que no quieras hacer.  Sé que no estás acostumbrada a este tipo de presentes pero yo si suelo hacérselos a aquellas personas que ocupan un lugar importante en mi vida.


  • Gracias – susurró sin tener otra opción más que aceptar el detalle después de aquel discurso tan sincero.


  • Permíteme ayudarte con la cadena – se puso en pie y se acercó a la espalda de ella para abrochársela, mientras Beatriz cambiaba sus pequeños diamantes por los pendientes a juego.


  • Es realmente hermoso, Mario – bebió lo que quedaba en su copa de la champaña y le regaló una tierna sonrisa.


  • Me alegra que te haya gustado – con un ademán llamó al mesero para pagar la cuenta 







***


Juan David optó por apagar su celular, las llamadas de Sharon eran una tras otra y obviamente él no iba a contestarlas en la mitad de su clase de programación.  Ese era un asunto que debía resolver lo antes posible, pero no sabía cómo.  Cada vez que intentaba hablar con la rubia esta desviaba el tema y terminaban en la cama.


Después de las clases y de un almuerzo chatarra se fue al conservatorio a esperar a su nueva pupila, realmente creía que tenía todas las cualidades para ser una gran cantante y si ese era el sueño de ella y estaba dispuesta a trabajar duro, él se encargaría de que se convirtiera en una de las mejores artistas del país.


El salón que Gloria le había asignado era perfecto, con las paredes de color crema, el piso de madera perfectamente pulido y en el centro un magnífico piano de cola llenaba todo el espacio, sin contar con la excelente acústica que poseía.  Juanda no perdió tiempo y se sentó ante el piano y se sumergió en las hermosas notas que lograba arrancar del instrumento.


A las tres menos cuarto Sasha llegaba al conservatorio.  Después de pasar por la secretaría preguntando en qué salón le correspondía recibir sus tutorías se dirigió por el pasillo mientras escuchaba a alguien interpretando Nocturne de Chopin al piano.  


Se quedó de piedra al entrar en la sala y toparse con un Juan Daniel entregado al gran piano, cargando el ambiente con una paz que la hacía sentirse en intimidad con su profesor.  A pesar que la melodía era un poco melancólica el semblante de Juanda transmitía pasión y entrega en cada nota y esto provocó en Sasha un sentimiento de profunda admiración.


Al terminar su interpretación Juan Daniel se sobresaltó al escuchar los suaves aplausos de su alumna, encontrándose con  una sonrisa y esos hermosos ojos verdes.



  • Sasha, pasa por favor. ¿Hace cuánto estás ahí?


  • Hace poco, lo siento no quise interrumpirlo, pero El Pianista es una de mis películas favoritas – contestó bajando la mirada y mirando sus zapatos.


  • No te preocupes, simplemente me tomaste desprevenido –se apresuró a decir Juanda al ver la reacción de ella – acércate por favor,  ¿trajiste la pista de tu canción?


  • Claro, aquí la tengo – mientras buscaba en la carterita su Ipod.


  • Déjala en el reproductor y empecemos  con ejercicios de calentamiento.


  • De acuerdo.






Después de hora y media de ensaño Juan Daniel dio por terminada la práctica.


  • Perfecto Sasha, estamos mejorando mucho, vas a ver que para el viernes vas a salir perfecta solo debes seguir practicando y cuidando tus intervalos.


  • ¿De verdad?  Esta presentación es muy importante para mí, porque se la voy a dedicar a mi papá.


  • Estoy seguro que él se va a sentir muy orgulloso cuando venga el viernes.


  • No, él no va a venir – dijo Sasha en un susurro y su cara cambió de la emoción a la tristeza en segundos.


  • Seguro que te sorprende y llega a última hora, ya verás.


  • No, él no va a llegar – se quedó en silencio decidiendo si contarle  o no la realidad a su tutor, pero al ver los ojos chocolate de Juanda, se decidió – mi papá falleció hace un poco menos de siete meses.


  • El corazón de Juan Daniel se hizo chiquito mientras todo encajaba en su mente, el tema elegido, su actitud el día anterior; y un sentimiento de ternura empezó a brotar de él, mientras buscaba las palabras adecuadas para decirle a su alumna pero de sus labios solo se escuchó  - lo siento mucho, no lo sabía.


  • Juan Daniel, por favor lo que menos quiero es su lástima  - se apresuró a decirle Sasha, en tanto todo su cuerpo se tensaba con su mirada perdida en ningún lado.


  • Sasha, mírame – le ordenó Juan Daniel mientras tomaba su barbilla con su dedo índice y pulgar y la obligaba a mirarlo. -  En ningún momento he sentido lástima por ti.  Tu situación es muy triste, es verdad.  Pero todavía cuentas con la compañía de tu madre y, por lo que pude escuchar, significas todo para ella.  El que cantes esta canción en el concierto, lo único que me hace sentir es admiración ante tu valentía y fortaleza.  – le hablaba mientras la miraba a los ojos y sentía que debía protegerla y no permitir que sufriera nunca más todo lo que ya había tenido que pasar.


  • Muchas gracias.  Sabía que usted era diferente.   – contestó Sasha con una tímida sonrisa en sus labios.


  • Juanda le sonrió abiertamente – He hablado con Gloria para que mañana también podamos practicar, así que estarás en el ensayo una hora y después te espero aquí – le informó cambiando de tema.


  • Muchas gracias.  Entonces hasta mañana pro….. Juan Daniel – se despidió Sasha con un movimiento afirmativo de cabeza mientras caminaba hacia la puerta del salón.


  • Hasta mañana – contesto él levantando su mano en señal de despedida y la veía desaparecer tras la puerta.






***


Beatriz entraba en la oficina todavía sin poder creer el regalo que Mario le había dado y saludaba a Sharon que estaba en el counter de recepción.


  • Buenas tardes Sharon, ¿hay algún mensaje para mí?


  •  Buenas tardes.  No ninguno, pero tienes a un papsito esperándote desde hace media hora – se apresuró a contestarle la rubia, mientras señalaba, con un movimiento de cabeza, a la salita de recepción que no estaba visible para Beatriz.


Ella se acercó hacia la salita y toda la paz y buen ánimo que tenía salieron corriendo de su cuerpo al encontrarse con la mirada de Esteban que la estaba observando como si la desnudara.  Su boca se secó y tragó con dificultad por el sentimiento de repulsión que le invadió, seguido de ira y odio hacia el que meses atrás había sido el  gran amor de su vida.


Caminó hacia Esteban, mientras este se levantaba lentamente, haciendo alarde de todo su cuerpo y gran estatura, dándole el tiempo suficiente para que tanto ella como Sharon pudieran observar detalladamente lo bien formado que estaba.  A la secretaria se le escapó un suspiro que tanto ella como él lo escucharon.


No podía negarlo, era un hombre atractivo con un torso fuerte y muy bien formado, que resaltaba dentro de la camisa polo que llevaba y el jean dejaba ver sus fuertes piernas y lo bien dotado que estaba, pero ella lo único que sentía por aquel hombre era desprecio y decepción.



  • Buenas tardes, me permite cinco minutos y estoy con usted.  Sharon lo guiará a la sala de reuniones, con permiso –  habló con un tono tranquilo pero muy seguro, mientras le hacía una señal a Sharon quien no se había perdido detalle del encuentro y rápidamente salió de atrás de su puesto para guiar al gran semental a la sala de reuniones.


  • Buenas tardes – fue lo único que él pudo decir mientras notaba claramente el cambio de actitud de Beatriz al verlo y asintió con la cabeza ante lo que ella le indicaba.  Con ese aire de superioridad y profesionalismo, que él nunca había visto en ella antes, sus deseos de volver a poseer a su mujer se intensificaron y tuvo que hacer uso de todo su auto control para no llevársela de ahí en ese mismo instante.




Beatriz dio media vuelta y se fue caminando con todo el aplomo y seguridad que pudo demostrar, hacia su oficina, aunque sentía que el corazón se le iba a salir del pecho y que sus ojos le ardían conteniendo las lágrimas que estaban a punto de salir, mientras sentía los ojos de Esteban seguirla.


Llegó hasta su escritorio y sentía que no podía respirar, el pecho se le cerraba y le dolía.



¡Mierda!  ¿Qué demonios hace aquí? ¿Cómo supo dónde trabajo?  No puede ser que cada vez que lo vea tenga un ataque de pánico. – Pensaba mientras se masajeaba el pecho tratando de respirar y controlar su ansiedad.  Trataba de inhalar profundo por  la nariz y exhalar por la boca, como su terapueta le había enseñado para estos casos, mientras se repetía como un mantra – piensa en algo bonito, piensa en algo tranquilo, piensa en algo que te dé paz.



Automáticamente recordó el tacto de aquel hombre sin rostro de sus sueños y una sensación de tranquilidad empezó a crecer desde su estómago y a apoderarse de todo su cuerpo, poco a poco su respiración se calmó y toda la desesperación desapareció, mientras fue consciente que estaba sonando la voz de Demmi  Lovato cantando Skyscraper en el reproductor de la computadora que se había olvidado de apagar.  


Esa era la actitud que debía tener ahora, levantarse ante Esteban como un rascacielos a pesar de haberla roto como un cristal horas antes.



 Se levantó del sillón resuelta a enfrentar a Esteban, si él había venido a verla, tendría que contestar todas las preguntas que tenía para él y atenerse a las decisiones que ella estaba tomando en su vida, decisiones que él mismo había provocado.